La camisa se manchó,
me miraste con complicidad.
Nos hicimos los distraídos,
como si nada hubiera sucedido.
Sonreíste,
con la mirada perdida y
yo te saqué una foto en mi cabeza.
Sé que va a ser
estampita en mi santuario.
Tengo ganas de esconderme
donde no me puedas ver,
olvidarme de tus manos
desangrarme y volver a nacer
todo el tiempo.
Cuestiono mis pasos cada mañana
al salir de mi cama; al pasar por tu puerta.
Camino sin rumbo conocido día a día
fingiendo conocer mejor que nadie la ruta,
sabiendo que en cualquier momento podría perderme en estos viejos laberintos.
Siento las piedras rozar mis pies,
sangran y lloran;
su latir estremece el manto terrenal,
pero dime tú, ¿acaso es malo eso?
Deseé cuánto tiempo sentirme viva,
y es ésta la muestra más verídica
de la poca vida que queda entre mis venas.
Quisiera llegar así al borde del universo,
explorar lo desconocido por el hombre,
captar lo que fascinó un día al libre astro
que decidió perderse en la oscuridad de este inmenso océano,
y así dejar mis pies flotar
en una laguna de estrellas inertes.
Añoré paz; busqué día y noche la calma de mis ojos,
y es ahí, en el espacio sideral,
donde nada te ata a la Tierra,
donde la gravedad no te juzga;
donde no hay límite alguno…
Me espera un largo viaje.